sábado, 20 de abril de 2013


LA AUTORIDAD DEL PROFESOR 

En épocas pasadas era incuestionable la autoridad del docente, cercana al autoritarismo, pues sus opiniones y decisiones eran incuestionables. Frecuentemente, cuando se hace referencia a la autoridad del profesor de lo que se habla es de disciplina y la autoridad no es simplemente establecer un sistema de sanciones, se basa en una confianza y una fe otorgadas a una persona que establece un saber concreto, excluyendo cualquier sumisión incondicional y cualquier acción que requiera al uso de la fuerza.  Hoy en día el maestro ha perdido autoridad, hasta el punto de ser objeto de graves faltas de respeto y cuestionamientos infundados.


En estos últimos años la sociedad y en concreto la familia han experimentado grandes cambios con una repercusión importante en la labor educativa tanto por parte de la familia como por parte de los profesores. Estos cambios han llevado a los ciudadanos a ser más exigentes con los profesores. Los profesores han de realizar nuevas funciones, pero sin  olvidar los objetivos de siempre.
Se espera y a veces se exige que grandes problemas de nuestros días como la violencia, las drogas, el alcoholismo o la discriminación racial, se seleccionen desde la escuela. Ante este panorama el desconcierto de los profesores es considerable.
A su vez, los grandes avances tecnológicos han incrementado y diversificado las fuentes de información de tal manera que la escuela ha perdido el monopolio de la información. Los profesores deben enseñar a seleccionar y a utilizar correctamente toda esta información.
           Es requisito para todo profesor tener unos conocimientos pedagógicos además del dominio de su disciplina académica. Así pues, ser un profesional competente requiere al profesor tener unos contenidos de contenido científico o humanístico, según sea su campo de especialización, unos conocimientos pedagógicos, y unas aptitudes, habilidades, destrezas determinadas. El profesor media, elabora e interpreta las propuestas curriculares, actúa como guía y facilitador del aprendizaje. Además de todo esto el profesor precisa el conocimiento sobre sus alumnos y del entorno educativo en el que trabaja. No cabe duda alguna de que el afecto del profesor a los alumnos tiene una repercusión grande en el éxito y fracaso escolar. 

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